Payá: Bien cerca de la Brigada 2506

 

Por: Redacción de Cubadebate

Una de las pocas caras jóvenes que acompañó como escenografía a Donald Trump en el Teatro Artime de Miami, el pasado 16 de junio, fue Rosa María Payá. Su nombre es poco conocido por los cubanos (quizás los más avezados recuerden sus show en la Cumbre de las Américas de Panamá), pero su rostro se pasea por los salones de reuniones de la derecha continental, los concilíabulos de la contrarrevolución en la Florida y una que otra vez se deja ver por Washington, Madrid y alguna otra capital europea.

En el Artime, la Payá fue la sonriente acompañante de asiento en primera fila de Humberto Díaz-Argüelles Fiallo, actual presidente de los restos vociferantes de la Brigada mercenaria de Bahía de Cochinos. No podía ser más simbólico su puesto en el montaje anexionista que le prepararon a Míster Trump.

Cubadebate les deja con este artículo publicado en el diario mexicano Excelsior que bien caracteriza a esta vividora del negocio de la contrarrevolución o la “industria anticubana”, como la gustaba decir al fallecido Francisco González Aruca.

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Rosa María Paya en el acto de Miami. A su lado sonriente el actual Presidente de la Brigada Mercenaria 2506.

¿Quién es Rosa María Payá?

Por: L. Alberto Rodríguez

Me gustaría conocer a Rosa María Payá. La nueva cara del anexionismo cubano que habla de dictadura totalitaria, con esa mirada perdida, acondicionador en el pelo y su outfit urbano de tacones, jeans y maleta en mano. Presiento que es toda una disidente de nuevo tipo, quizá, la neo-revolucionaria posmoderna que el mundo sediento de democracia y memes, esperaba.

Esto es una buena noticia porque, enfrentarse a una dictadura es una cosa, pero hacerlo sin maquillaje, es muy de los barbudos cubanos del 59. Y estos son otros tiempos. Las revoluciones de hoy debe tuitearse desde aeropuertos y recibir financiamiento del gobierno de los Estados Unidos. Puede que no liberen a un pueblo, pero los objetivos cambian: un día tendrás tu propio documental en Netflix y la gloria será toda tuya, siendo recordada como una mártir de la libertad.

Y es que siempre he considerado que tengo buen ojo para detectar rebeldes de nuestro tiempo. Aunque reconozco que he fallado. Un día proclamé a la bloguera cubana Yoani Sánchez como nuestra nueva mártir del periodismo, pero sigo esperando la hora que de su pluma caiga la Revolución en Cuba. Quizá con Payá no me equivoque y esta sí, esta sí, trabaje por convicción y no sólo por los dólares y los lonches que dan en los aviones.

Afortunadamente podré enterarme este 19 de junio, cuando Rosa María Payá aterrice en el balneario cinco estrellas de Cancún, México, donde la presidenta de “Cuba Decide” –organización financiada por la National Endowment for Democracy, a su vez pagada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, oficina del Departamento de Estado de EU-, participe del quinto Foro Regional Juventud y Democracia que organiza la Red de Jóvenes Latinoamericanos por la Democracia (Juventud LAC), donde la nueva cara de la contrarrevolución cubana se juntará con sus amistades contarse cuanto sufren de sus derechos humanos, claro, con piñas coladas en mano.

Pero como en política nada es casualidad, es preciso informar que el evento de la Juventud LAC se llevará al cabo paralelamente a la 47va Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA, antes Ministerio de Colonias de EU) que ahí mismo tendrá lugar. Así que ambas plataformas aprovecharán la brisa de la rivera mexicana para firmar un acuerdo de cooperación para llevar más democracia y más derechos humanos a América Latina, igual a la que Washington llevó a Libia o Afganistán.

Quiero conocer a Rosa María Payá. Me da curiosidad la mentalidad de quien acusa una dictadura en Cuba, pero accedió gratuitamente a todos los beneficios sociales en su país y nunca fue discriminada por las actividades contrarrevolucionarias de su familia, una especie de club denominado Movimiento Cristiano de Liberación (MLC).

El MLC fue fundado por su padre, Oswaldo José Payá Sardiñas, a quien Rosa María ayudaba como traductora de inglés o recogiendo firmas para el denominado Proyecto Varela, una iniciativa financiada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos operado de 1998 a 2003 que pretendía reformar las leyes cubanas en pos de supuestas “libertades individuales” que en realidad buscaban inocentemente desmantelar el socialismo en la isla. Pero el proyecto fue un desastre y fracasó porque no pudo acreditar las firmas necesarias, no pudo argumentar sus peticiones y estaba mal redactado.

Oswaldo Payá murió en un accidente automovilístico en julio de 2012. Por eso fue sentenciado en La Habana su acompañante, el español Angel Carromero, por homicidio imprudente en accidente de tráfico, en un juicio calificado por el consulado de España como “limpio, abierto y procesalmente impecable”.

Pero la causa de Rosa María Payá fue culpar al gobierno cubano de haber asesinado a su padre. Exigió una investigación internacional, aunque ni ella o su familia nunca han aportado alguna prueba de sus acusaciones. No obstante, su versión le ha redituado. Desde abril de 2013, la presidenta de Cuba Decide viaja por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica presentándose como víctima, ganando reflectores y la aprobación de la administración estadounidense para obtener dinero para operar acciones anti-cubanas.

Alegando supuestas amenazas de muerte, acoso y persecución política, buscó ayuda en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba (hoy Embajada), y logrando abandonar la isla junto a su madre y sus dos hermanos. A su llegada a EU, de inmediato recibió el apoyo de la contra-cubana de Miami –autora de diversos atentados terroristas dentro de Cuba, como el ataque en pleno vuelo a un avión de Cubana de Aviación en 1976, considerado el peor atentado de este tipo en la historia del hemisferio-, logrando ser llevada de la mano por el correligionario de Donald Trump, el congresista Marco Rubio, hasta el discurso del Estado de Unión ofrecido por Barack Obama en enero de 2015.

No conforme con su vena terrorista, Rosa María Payá viajó a finales de enero de 2016 a la República Dominicana para reunirse con su amigo Félix Toledo Montero, un ex integrante de la brigada 2506 que fue aplastada por Fidel Castro en la invasión de Playa Girón, y que posteriormente, integrado en las fuerzas especiales de la CIA, fracasó en su intento de perseguir al Che Guevara en el Congo. Derrotado, pero obcecado, fundó la organización paramilitar “Cuba Independiente y Democrática”, entrenando militarmente a elementos terroristas que ejecutaron acciones violentas contra Cuba.

Quiero conocer a Rosa María Payá porque quiero ver como es una refugiada política que viste ropa de centro comercial y cobra en dólares. En 2013 la vi siendo entrevistada en la televisión mexicana. “Mira esta mártir, tan emperifollada”, pensé. Recién la vi en Chile, donde le cayó en el hígado a estudiantes de ese país cuando la cubana hablaba de dictadura totalitaria y, en medio minuto, quienes crecieron bajo el yugo de Pinochet le pidieron dejar de decir mentiras.

Me gustaría escuchar a esta “agente de cambio” hablar de derechos humanos en el México de los 150 mil asesinados por la violencia y los más de 33 mil detenidos-desaparecidos, incluidos los 43 normalistas de Ayotzinapa.

En verdad, ¿quién es Rosa María Payá? Estoy intrigado. Me asombra como ha convertido un proyecto fracasado como el Plan Varela -ahora llamado Cuba Decide-, en una junta que obtiene miles de dólares por la NED, o la Cuba Freedom Foundation, o la Freedom House, o la Fundación Konrad Adenauer ¡Todo un modelo de éxito! Sobre todo, al considerar que en el resto de América Latina otras activistas de derechos humanos como la hondureña Berta Cáceres, en vez de billetes, han encontrado la muerte. Sin duda, Payá debe estar haciendo algo bien.

Rosa María Payá

Rosa María Payá

El beso de la muerte

 

Arriba, el presidente Donald Trump saludó y dio la palabra a la contrarrevolucionaria Cary Roque el pasado viernes en Miami; abajo, se ve a Roque en otra foto junto al terrorista Luis Posada Carriles.

El presidente Donald Trump, quizá sin saberlo, entró el viernes pasado a la boca del lobo de Miami. Entre vividores y delincuentes de baja calaña, en el auditorio que se reunió para escuchar su anunciado cambio de política hacia Cuba se encontraban algunos de los terroristas más connotados de este hemisferio, que gozan del privilegio de la libertad y el amparo del gobierno estadounidense por haber trabajado bajo las órdenes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

El mandatario saludó y alabó la vida y obra de personajes que están manchados con la sangre de cientos de personas inocentes, lo cual es un agravio no solo contra el pueblo cubano, sino contra todas las víctimas del terrorismo internacional.

La foto de arriba que acompaña este trabajo recoge el momento en que Trump saluda y da la palabra a Cary Roque, tras narrar una dramática historia sobre cómo fue encarcelada sin motivos al comienzo de la Revolución.

Pero la verdad es que Roque fue sentenciada en 1961 a 20 de años de prisión (de los que cumplió 16) por acciones de sabotaje y apoyo a las bandas criminales de alzados que asolaron varias regiones del territorio nacional.

Roque militó en grupos terroristas como el Movimiento de Recuperación Revolucionaria, organizado y financiado por la CIA, que llevó a cabo mortíferos atentados contra instalaciones civiles y ciudadanos comunes en los primeros años de la Revolución.

En Miami siguió vinculada a personajes como Orlando Gutiérrez Boronat, del Directorio Democrático Cubano, especialista en sacarle dinero a la CIA y la USAID para emplearlo en acciones de desestabilización contra Cuba.

La otra foto comprueba también sus vínculos con Luis Posada Carriles,  quien, si Trump no lo sabe, es el terrorista número 1 del Hemisferio Occidental y camina impunemente en Miami a pesar de haberle confesado al New York Times su relación con la cadena de atentados en instalaciones hoteleras cubanas en 1997, que costó la vida al joven italiano Fabio Di Celmo.

Mucho antes del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, que desató una cruzada en los Estados Unidos y puso el tema del terrorismo en el foco de la política internacional, Posada había volado en pleno vuelo un avión cubano causando la muerte de 73 personas en 1976.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, dejó emplazado al gobierno norteamericano para que confirme o desmienta si el presidente estuvo rodeado o no por terroristas. Seguimos a la espera de su respuesta.

La CIA abre sus puertas a terroristas anticubanos

Por Percy Alvarado Godoy

 

No sé hasta qué punto fue cosa de mera cortesía, pero lo cierto es que la sede de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) abrió el 19 de mayo sus puertas a un grupo reducido de viejos contrarrevolucionarios de la bochornosa Brigada 2506 –derrotada en menos de 72 horas en Playa Girón– y a otros funcionarios de Miami Dade. El encuentro fue pactado por el senador Marco Rubio, allí presente, con el propio Donald Trump, quien instruyó de esta visita al director de la misma, Mike Pompeo, quien se encargó de halagar a los visitantes.

Aunque todo pareció una jugada mediática de Trump para lisonjear a la extrema derecha anticubana que le ha brindado total apoyo, la presencia de los viejos fracasados de Bahía de Cochinos, entre los que se encontraban José Cancio y Félix Rodríguez Mendigutía, despierta el claro mensaje del compromiso de la Agencia con la añeja pretensión de derrocar a la Revolución Cubana.

Otro mensaje indica que esta visita fue un acuerdo de Trump con Pompeo para disminuir el impacto mediático de los desacuerdos entre Trump y la CIA, sobre todo cuando el diario The New York Times acaba de destapar la noticia de que Pompeo se mantuvo pasando información confidencial a Michael Flynn, ex asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, a pesar de que el mismo estaba sujeto a investigación por supuestos vínculos con el embajador ruso en Washington.

Fue simplemente una jugada de concesiones entre partes que sirvió para afianzar a Marco Rubio en el panorama político USA, aparentar una distensión dudosa entre Trump y la CIA y, de paso, esperanzar a los viejos enemigos de Cuba.

El padre del violinista que Trump exaltó fue uno de los asesinos de Frank País

Tomado de Cubadebate.

17 de junio de 2017

Frank recibió 22 balazos a sangre fría. Los esbirros colocaron la pistola junto a su cuerpo para que pareciera que se había resistido.

Frank recibió 22 balazos a sangre fría. Los esbirros colocaron la pistola junto a su cuerpo para que pareciera que se había resistido.

Usando las técnicas del storytelling tan caras al marketing político estadounidense, Donald Trump convirtió ayer en Miami a Luis Haza en todo un héroe de la historia y del violín.
El administrador del imperio quizo mover corazones, en su anuncio de su errada política hacia Cuba, evocando un padre ejecutado por los revolucionarios y un hijo que se enfrentó al “régimen” tocando el “The Star Spangled Banner” . Aquel muchacho, dijo Trump, hoy es un renombrado músico en las tierras del Norte, de la “libertad”. El “heroico” Luis respondió a su exaltación ejecutando una horrenda y desafinada versión del himno estadounidense, en clara muestra de la Patria que defienden los reunidos en ese Teatro Manuel Artime.
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Lo que nunca dijo Mr. Trump, es que el padre de Luis, Bonifacio Haza, fue uno de los asesinos del joven líder revolucionario Frank País García, el más heroico y destacado combatiente de Santiago de Cuba, de cuyo crimen se cumplen ahora 60 años.
Los hijos no son culpables de la actuación de sus padres; pero sí la asumen cuando comulgan y blazonan con ella. A esa “Cuba Libre” jamás volveremos.

Cubadebate los invita a leer este testimonio sobre la muerte de Frank, realizado por el Contralmirante (R) José Luis Cuza Téllez de Girón, su amigo en la lucha revolucionaria, que publicamos hace un tiempo en este sitio:

En exclusiva para Cubadebate, el Contralmirante (R) José Luis Cuza Téllez de Girón, compañero de Frank País, comparte este testimonio excepcional sobre los acontecimientos que conducirían al asesinato del líder del Movimiento 26 de Julio, en Santiago de Cuba, el 30 de julio de 1957, y que él vivió de primera mano. El contralmirante Cuza fue Capitán del Ejercito Rebelde, Jefe de la Compañía B “Pedro Sotto Alba”, de la Columna 19 “José Tey”, en el Segundo Frente Oriental “Frank País”.

Show anexionista en Miami

Por Juan Fernández López
Un discurso anticomunista que recordó los peores libretos de la guerra fría, con manipulaciones históricas de todo tipo y mentiras mal fabricadas, propias para un auditorio de viejos provocadores, terroristas, mercenarios y políticos ultraderechistas del actual gobierno, se encargó de presentar ante el mundo la desatinada decisión del mal asesorado Donald Trump de dar marcha atrás al proceso de normalización de relaciones con Cuba y retomar la fórmula de la coerción, el bloqueo, la presión política y el chantaje para en “corto tiempo” tratar de derrocar a la Revolución.
No hubo tapujos y después de encender los ánimos del auditorio, el representante anticubano Mario Díaz Balart; le sucedieron las promesas de Marco Rubio de destrozar la revolución en seis meses o seis años (un comentarista miamense apuntó que seis décadas con estos métodos fueron insuficientes); una consigna degradante del vicepresidente Mike Pence, lo ratificó en su ultraconservadora postura y como un acérrimo anticubano; una intervención del gobernador floridano que pasó inadvertida y no traducida por las televisoras, y el momento por todos esperados en la sala: las ofensas, calificativos agresivos e irrespetuosos, que no tienen parangón entre mandatarios que le precedieron en las últimas décadas.
En las propias calles de Miami la gente calificó el espectáculo como “politiquería barata de tercer nivel”. El show no podía ser de otro modo en el teatro de la Brigada mercenaria que fue derrotada en menos de 72 horas en Playa Girón; donde los gritos de la anexión y la resignación fueron evidentes cuando corearon en inglés una y otra vez USA, USA, USA… para apoyar las promesas de castigo y de pronto regreso al capitalismo en Cuba por un coro de esbirros de la tiranía, terroristas de todas las décadas ávidos de sangre, contrarrevolucionarios, flotipandilleros y los legisladores anticubanos que se vendieron como protagonistas.
Desconociendo la historia de Cuba, Trump en tono amenazante y hegemónico trató de poner condiciones a la continuidad de las relaciones bilaterales, ofendió al pueblo cubano, al sistema político que libremente ha escogido y a sus líderes históricos. Acudió al viejo libreto de los derechos humanos como pretexto para exigir concesiones a la Isla, fórmula fracasada por injerencista e irrespetuosa a lo largo de los últimos 60 años.
El viceasesor de seguridad nacional de la administración de Barack Obama, Ben Rhodes, calificó que con la actuación de Trump “han devuelto las relaciones entre EE.UU. y Cuba a la prisión del pasado (…), ignorando las voces del pueblo cubano y la mayoría de los estadounidenses simplemente para recompensar a un menguante grupo político de EE.UU.”.
Rhodes argumentó que la decisión de Trump de restringir algunos viajes de estadounidenses a la Isla y las transacciones del Ejército cubano equivale a regresar a “una mentalidad de Guerra Fría que fracasó trágicamente (…) El anuncio de Trump es la última bocanada ilógica de una cepa de la política estadounidense que tiene un historial de fracaso de 50 años de duración, y que se equivoca al asumir que podemos controlar lo que ocurre en Cuba”, afirmó el exfuncionario.
Pese a los rumores y filtraciones de las últimas jornadas sobre la decisión de cambiar la política, el show de este viernes genera una mezcla de decepción, denuncia e indignación de Miami a Washington; en el viejo continente; en América Latina, en todos los puntos cardinales, y en Cuba el pueblo alza su voz, como lo ha hecho siempre para rechazar el agravio y patentizar su respaldo a la Revolución, a sus dirigentes, a la soberanía, la independencia y a las conquistas sagradas del socialismo, contra las que se han estrellado las bravuconerías de quienes han apostado a la intimidación y las amenazas.
Los líderes de la Revolución han reiterado a lo largo de la historia la disposición a sostener con el gobierno de los EE.UU. un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, para tratar los más diversos temas de forma recíproca, sin menoscabo a la independencia y la autodeterminación de nuestro pueblo, y sin renunciar a uno solo de nuestros principios. Así se empezó a construir el puente que súbitamente, Trump se propone destruir.
La Pupila Insomne

Disidentes no, asalariados

 

Por Arthur González.

Para quienes aún se creen que en Cuba existen “disidentes”, las declaraciones realizadas en días pasados durante la discusión del Reporte Anual de la Fundación Nacional Cubano Americana, FNCA, resultan suficientes para entender que esos llamados “opositores” al gobierno cubano, son solamente asalariados que hacen y dicen lo que les ordenan, pues quien paga manda.

La FNCA fue creada en 1981 bajo la administración de Ronald Reagan, uno de sus propósitos fue aparentar que el conflicto entre Estados Unidos y Cuba no era tal, sino un problema de los cubanos, algo que la historia se encarga de desmentir, porque en la última reunión del Consejo de Seguridad Nacional de diciembre de 1958, el entonces director de la CIA, Allen Dulles, dijo con fuerza:

“…Hay que evitar la victoria de Castro…”, siendo apoyado por Dwight Eisenhower, a la sazón presidente de Estados Unidos.

Para no dejar dudas, el informe de balance anual divulgado el 22.05.2017 reconoce abiertamente que la FNCA gastó solo en el año 2016, 400 mil dólares en financiar a la denominada “disidencia cubana” a fin de llevar a cabo acciones provocativas, como las ejecutadas por las “Damas” de Blanco, los asalariados de la Unión Patriótica de Cuba en la región oriental de la Isla, y otros grupúsculos fabricados desde afuera que solo trabajan por dinero, no por ideología.

Las declaraciones de Karina Álvarez, directora de programa de la FNCA, son suficientes para conocer qué papel juega Miami en la dirección de los contrarrevolucionarios en Cuba, cuando sin vergüenza alguna afirmó:

“Apoyamos a 18 grupos de la sociedad civil, trabajamos en 14 provincias del país y como beneficiarios directos de nuestra labor se cuentan 500 personas mensualmente”.

El día que estados Unidos no remese dinero para esos llamados “disidentes” no podrán contar con nadie para llevar a cabo actos provocativos, ni habrá más “Damas” de Blanco, porque todos sin excepción actúan solo por cobrar los dólares que envían desde los EE.UU.

Hoy para preparar a los llamados “disidentes” se gastan cientos de miles de dólares en boletos de viaje, hospedaje, alimentación y salarios, pues las instrucciones se imparten en Miami y no en la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana, como antes del 14.01.2014, cuando se implementó la nueva ley migratoria cubana.

Una idea precisa de que la contrarrevolución solo trabaja por el interés material, la ofreció la propia FNCA, cuando expusieron que enviaron a Cuba 15 computadoras, 59 celulares y 16 mil dólares en equipos electrónicos.

Para más detalles, el informe afirma que gastaron 245 mil dólares en financiar acciones provocativas dentro de Cuba; 60 mil dólares en dietas durante los viajes al exterior de varios contrarrevolucionarios; 46 mil en recargas telefónicas que significaron el pago de 54 mil minutos de conversación a través de la red móvil cubana, donde un minuto cuesta 0.35 centavos de dólar.

Sin tener en cuenta que con sus propias declaraciones demuestran el carácter mercenario de esos contrarrevolucionarios, expusieron a la prensa que también sufragaron el viaje a Estados Unidos del asalariado santiaguero José Daniel Ferrer, y las decenas de visitas a Miami de otros “disidentes”, con el objetivo de que hicieran denuncias a la prensa sobre inventadas violaciones de los derechos humanos, aspecto con el que tratan de conformar matrices de opinión contrarias a la Revolución cubana.

Otro de los grupúsculos mantenidos por la FNCA que también son receptores de sus dólares, son la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, el mini grupo jurídico Cubalex y la Asociación Sindical Independiente de Cuba, porque el plan trazado por la CIA con respaldo del Departamento de Estado, es potenciar grupos de la llamada sociedad civil mediante proyectos de todo tipo, que den la imagen de que nace una sociedad civil diferente, y para eso la FNCA dedicó 245 mil dólares asignados por el gobierno norteamericano.

El informe presentado reconoce que “buscan potenciar esa llamada sociedad civil y preparar nuevos empresarios que sean capaces de gestionar los recursos que se les faciliten, con transparencia y eficacia”.

Queriendo aparentar una separación con el gobierno yanqui, afirman que los fondos de la FNCA provienen de donaciones privadas y no del Gobierno estadounidense, como si nadie supiera que desde hace más de medio siglo Washington está empañado en destruir a la Revolución y para ello han malgastado miles de millones de dólares.

En su comunicado oficial del 17.12.2017 la Casa Blanca dijo:

“El congreso de EE.UU. financia la programación de la democracia en Cuba para proporcionar asistencia humanitaria, promocionar derechos humanos y libertades fundamentales y apoyar la libre circulación de información en lugares en donde está restringida y censurada”.

“Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente”.

“Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

“La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba…”

Esto prueba la total injerencia del gobierno de Estados Unidos en la política interna de Cuba.

Una situación similar de cualquier país hacia su sociedad, sería considerada como una declaración de guerra que no permitirían jamás bajo ningún concepto.

Es así como ellos evalúan el tema de los derechos humanos, con la arrogancia imperial que los caracteriza y por esas razones afirmó José Martí desde New York:

“…de esta tierra no espero nada para nosotros, más que males”.