Fidel Castro, el cubano a quien más veces intentaron asesinar

LA HABANA (Sputnik) — El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro (1926-2016), que hoy cumpliría 92 años, estuvo expuesto a 638 intentos de asesinato.
“Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo; fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos”, comentó Castro en un discurso en la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba en 2016, unos meses antes de fallecer.
Pero en su muerte forzosa sí pensaron muchos durante casi medio siglo. Eliminarlo físicamente fue una obsesión de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EEUU y de sus acérrimos enemigos cubanos afincados en las ciudades estadounidenses de Miami y Nueva York.
 

Hasta el año 2007 se contabilizaron 638 intentos de asesinato contra el dirigente cubano, en distintas fases de desarrollo, y llegaron a ejecutarse más de un centenar de ellos, todos de forma fallida, según servicios de inteligencia cubana.

 
En una cronología publicada en el diario oficial Granma, se destaca que uno de los primeros intentos se registró el 28 de diciembre de 1958, pocos días antes del triunfo revolucionario, cuando fue descubierto y detenido en la Sierra Maestra el estadounidense Aller Robert Nye, a quien se le incautó un fusil Remington calibre 30.06 con mira telescópica, con el que pretendía dar muerte al jefe guerrillero.
Unos meses después, el 2 de febrero de 1959, fue detenido el agente de la CIA y mercenario Allen Robert Mayer, que ingresó ilegalmente en Cuba a bordo de una avioneta, pero fue descubierto y detenido por los entonces incipientes Órganos de la Seguridad del Estado.
 

En 1960, los oficiales de la estación de la CIA y agregados militares en la embajada estadounidense en La Habana, el mayor Robert Van Horn y el coronel Jack Nichols utilizaron a la también agente Geraldine Shamma para organizar un plan de asesinato a Castro en ocasión de una de las visitas que hacía a la casa de otro dirigente.

 
La lista de intentos es larga y diversa.
Trataron de envenenarlo usando una píldora de cianuro en un batido de chocolate, o de aprovechar su afición al buceo utilizando un traje de buzo envenenado, o con explosivos con forma de moluscos con colores llamativos, durante sus inmersiones submarinas.
También se intentó con puros habanos, tanto venenosos como explosivos, dispararle con un lanza-cohetes mientras daba un discurso, ametrallarlo con una falsa cámara de televisión, envenenarlo con un bolígrafo-jeringuilla, o hacer estallar una tribuna en la que debía dar un discurso en su visita a Panamá en 2000 Cuestionado por el cineasta estadounidense Oliver Stone, Castro le respondió que la causa de su supervivencia “es que los terroristas eran mercenarios que tenían miedo a morir si ejecutaban el asesinato, o a no disfrutar la recompensa”.
 
El exgobernante cubano encabeza la lista de líderes que fueron blanco de atentados y que incluye además a los expresidentes estadounidenses Ronald Reagan (197), Richard Nixon (184), Lyndon Johnson (72), James Carter (64) y John Kennedy (42), quien murió asesinado en 1963.

Las operaciones encubiertas de la CIA al servicio del imperio y el apoyo a la sangrienta tiranía batistiana

Autor: Manuel Hevia Frasquieri * | internet@granma.cu
14 de noviembre de 2017
Al triunfo de la Revolución Cubana, el gobierno de Estados Unidos poseía una vasta experiencia en la ejecución de medidas de subversión política e ideológica y guerra económica, como instrumentos de su política exterior durante la década de los años 40 y 50 del pasado siglo. La subversión se había aplicado con anterioridad de forma conjunta por Gran Bretaña y Estados Unidos contra los países del eje nazi-fascista durante la II Guerra Mundial. Este último país emergería después como cabeza del sistema capitalista mundial y comenzó a aplicar estos instrumentos a escala planetaria, como parte de la denominada política de contención del comunismo que trajo consigo la llamada «Guerra Fría».

En la Directiva de Seguridad Nacional NSC 10/2 de junio de 1948, Estados Unidos denominó «operaciones encubiertas» a las acciones de propaganda negra, guerra económica, sabotajes y subversión contra estados hostiles, y apoyó a grupos de resistencia interna en «países amenazados del mundo libre». La mencionada directiva le brindó carácter permanente a un denominado «Grupo de Procedimientos Especiales» en la recién fundada Agencia Central de Inteligencia (CIA), que se convirtió en el órgano de operaciones encubiertas para ejecutar acciones clandestinas en otros países.

El respaldo a personas o grupos políticos afines a sus intereses la CIA lo denominó desde entones como «operaciones de acción política». Aquel órgano fue bautizado en agosto de 1952 como la «Dirección de Planes de la CIA». Su oficio principal: derribar gobiernos, como lo demostró poco después en 1954 con el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz Guzmán, en Guatemala. Aquel golpe de Estado, devenido después en genocidio, fue el punto de partida de la espiral ascendente de crímenes y atropellos de la CIA hasta nuestros días.

En ese mismo año 1954, para anticiparse a una indagación del Congreso norteamericano sobre la magnitud de tales acciones encubiertas, el presidente Dwight Eisenhower promocionó un estudio conocido como «informe Doolittle», que reflejaba sin tapujos la verdadera naturaleza de la nueva política del imperio: Estados Unidos tenía que abandonar sus tradicionales conceptos de juego limpio frente a un implacable enemigo y «Aprender a subvertir, sabotear y destruir a nuestros enemigos por métodos más astutos, más sofisticados y más eficaces».

Las acciones de subversión política contra el movimiento revolucionario en Cuba se iniciaron mucho antes del primero de enero de 1959. Al producirse el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952, Estados Unidos poseía la total hegemonía económica, ideológica, política y militar sobre el continente. Como parte de su «política de contención» sobre América Latina, basada en el supuesto peligro de una amenaza comunista, Estados Unidos reforzó su presencia en Cuba mediante la asistencia militar y el establecimiento de misiones dentro del Ejército, la Marina de Guerra y la Aviación de la tiranía. La CIA reforzaba su «centro local» en la embajada estadounidense en La Habana y ampliaba la capacidad de su labor de inteligencia, mediante su penetración secreta en estructuras gubernamentales, políticas, económicas y sociales del país. En contubernio con los órganos represivos batistianos, aplicaba modernos recursos técnicos secretos para labores de seguimiento, control telefónico y escucha microfónica contra ciudadanos cubanos o extranjeros que militaban en movimientos revolucionarios y progresistas.

Según el volumen III de la Historia Oficial de Operación de Bahía de Cochinos,[1] elaborado por historiadores de la CIA en los años 80, se reconoce abiertamente el desarrollo de estas operaciones subversivas. Este estudio expresaba que «a mediados de los años 50, la Estación de La Habana dirigía siete proyectos aprobados, la mayoría de los cuales iban dirigidos al Partido Comunista cubano, el PSP (Partido Socialista Popular)». La CIA financiaba agentes encubiertos, «sembrados» desde años atrás, en la sociedad civil de entonces. Muchos de estos espías enfrentaron la Revolución triunfante y fueron desenmascarados posteriormente por la seguridad cubana con posterioridad a enero de 1959

La CIA recomendó a la tiranía crear un aparato represivo contra el movimiento comunista, incluidos los líderes de organizaciones políticas, estudiantiles o sociales a los que consideraba como adversarios, surgiendo en 1955 el Buró para la Represión de Actividades Comunistas (BRAC). Fortaleció el asesoramiento del aparato policíaco-represivo de la dictadura, de conjunto con el Buró Federal de Investigaciones (FBI), sin excluir la estrecha colaboración con los cuerpos militares.

De acuerdo con documentos norteamericanos, la CIA aportó significativos fondos para sostener la labor subversiva de una organización anticomunista secreta denominada «Movimiento de Integración Democrática Americana» (MIDA), dirigida contra el movimiento revolucionario cubano. Existen evidencias documentales que demuestran que el MIDA reclutaba a sus miembros en diferentes sectores sociales y los utilizaba en labores represivas. En 1954 el carné de identificación del MIDA denominaba a sus miembros como «combatientes», los que juraban «defender la democracia y la libertad y luchar contra el comunismo».

El gobierno norteamericano y sus servicios de inteligencia y las misiones militares dentro del país nunca condenaron los crímenes y la represión desatada por esa dictadura. Los asesores yanquis se mantuvieron impasibles ante los asesinatos, la tortura, las desapariciones y las violaciones a los derechos humanos del pueblo cubano.

Después del desembarco del yate Granma en 1956, la CIA priorizó sus intereses informativos sobre la filiación política e ideológica de Fidel Castro, la actividad revolucionaria de emigrados cubanos en el extranjero y los vínculos con el PSP. Desde principios de los años 50, en los reportes de la CIA y la embajada norteamericana en La Habana era frecuente encontrar estas preguntas: ¿Quién es realmente Fidel Castro? ¿Quién lo controla? ¿Es o no comunista? ¿Tendría Castro fuerza suficiente para derrocar a Batista? ¿Son amistosos sus sentimientos hacia los Estados Unidos? En el fondo de estas interrogantes primaba ya la creciente preocupación yanqui por el peligro que un líder descollante como Fidel Castro podía representar para sus intereses económicos y políticos en Cuba y en el continente. En la medida que crecía el movimiento revolucionario en la sierra y el llano, aquella preocupación se convirtió en certidumbre y Estados Unidos intentó lo imposible para tratar de evitar el triunfo revolucionario.

En los últimos meses de 1958 la CIA desplegó un intenso trabajo de inteligencia y penetración dentro de Cuba para identificar y respaldar una posible «tercera fuerza» para oponerla al movimiento revolucionario. Con igual propósito la CIA trabajó de forma encubierta sobre los principales jefes del grupo guerrillero II Frente Nacional del Escambray para lograr su traición. No escatimó esfuerzos tampoco para apoyar posibles planes golpistas entre la cúpula militar batistiana y tratar de impedir la cercana victoria del Ejército Rebelde. Una reunión de alto nivel, presidida por el presidente Eisenhower celebrada a las 3 y 40 de la tarde del 31 de diciembre de 1958, la que es descrita por el historiador de la CIA Jack B. Pfeiffer, nos brinda el nivel de incertidumbre de aquel gobierno ante los sucesos que se estaban produciendo en Cuba. La posible acción de los Estados Unidos, incluyendo la intervención directa, estaba entre los asuntos que fueron discutidos. También se sugirió que los Estados Unidos asumieran la responsabilidad de nombrar los miembros de una junta militar que sustituyera a Batista, en lugar de permitir que Fidel Castro Ruz y sus seguidores asumieran el gobierno.

En aquella reunión, el Director de la CIA Allen Dulles defendió con vehemencia el criterio de que una victoria de Fidel Castro no estaba entre los mejores intereses para Estados Unidos. Más tarde, el propio presidente Eisenhower mencionaría en sus memorias las palabras utilizadas por Dulles: «Los comunistas y otros radicales extremistas parece que han penetrado el movimiento de Castro». «Si Castro asume el poder, ellos probablemente participarán en el gobierno». Una semana atrás, el 23 de diciembre de 1958, durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, Dulles había expresado su frase antológica: «Es necesario evitar la victoria de Castro». Según el mencionado Pfeiffer, aquella percepción los condujo a «un programa encubierto para sacarlo del poder, a partir de 1960».

En los años sucesivos aquel programa de agresiones integraría gigantescas operaciones bien estructuradas, sufragadas por millonarios recursos y dirigidas en secreto al más alto nivel político, a través de las principales agencias de inteligencia, para derribar la Revolución. Desde entonces, la Revolución Cubana no ha tenido un enemigo más tenaz e implacable, pero ha sabido resistir y vencer.

*Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado

[1] David R. McLean: Western Hemisphere Division, 1946- 1965, vol. I, 191-192(DDO/HP 324, 2 Dec. 1973). Citado en Jack B. Pfeiffer: Official History of the Bay of Pigs Operation, vol. III, “Evolution of CIA´s Anti-Castro Policies”, 1959-January 1961, Central Intelligence Agency, Top Secret (desclasificado en el 2005).

A 17 años del intento de magnicidio contra Fidel en Panamá: La tragedia que no ocurrió

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz denuncia, ante la opinión pública, el intento de atentado planificado por Luis Posada Carriles y sus secuaces en el Paraninfo de la Universidad de Panamá. Foto: Periódico Granma
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz denuncia, ante la opinión pública, el intento de atentado planificado por Luis Posada Carriles y sus secuaces en el Paraninfo de la Universidad de Panamá. Foto: Periódico Granma

Panamá.— Al subir las escaleras que dan acceso a la parte frontal del Paraninfo de la principal universidad de esta ciudad siento un sobrecogimiento en el pecho, quizás por su singular simbolismo histórico. En este sitio, agentes contrarrevolucionarios encabezados por el asesino confeso Luis Posada Carriles, pretendieron realizar un magnicidio contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 18 de noviembre del año 2000.
Antes de entrar al auditorio, camino hacia la derecha y observo las múltiples edificaciones colindantes, y al frente, más alejado, el complejo hospitalario Doctor Arnulfo Arias Madrid.
Un profesor universitario, a quien le comento, afirma con seguridad: “Según la cantidad de explosivos que colocarían aquí, todo volaría en pedazos, incluyendo a las miles de personas reunidas para participar en el acto de solidaridad con Cuba”. Sencillamente horroroso.
Pero el Comandante en Jefe, recién llegado a territorio panameño, denunció ante el mundo que Franco Rodríguez Mena, quien se hospedaba en la habitación 310 del hotel Coral Suites, de Ciudad Panamá, era nada más y nada menos que el terrorista de origen cubano Posada Carriles, quien había planeado asesinarlo durante la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.
El homicida lo había preparado todo con la sangre fría que lo caracteriza, la misma de cuando planeó el derribo de un avión de Cubana en pleno vuelo, en octubre de 1976, y que provocó la muerte de 73 personas; y organizó una serie de atentados con bombas en hoteles de La Habana a finales de los años 90 del siglo pasado, y uno de estos provocó la muerte del joven turista italiano Fabio Di Celmo.
La macabra idea era hacer volar el Paraninfo de la Universidad de Panamá, donde estarían presentes Fidel, más de mil espectadores y varios jefes de Estado. Para el asesinato masivo, Posada con taba con el apoyo de un grupo de colaboradores dentro del país y la asesoría de un equipo de terroristas de su misma estirpe, formado por Gaspar Jiménez  Escobedo, Pedro Crispín Remón y Guillermo Novo Sampol.
Materiales publicados en la prensa al respecto reseñan que la rápida actuación de las autoridades cubanas evitó el crimen. Sobre las 4:00 p.m., mientras el líder de la Revolución visitaba la Iglesia de San Pablo Apóstol, donde descansan los restos del general Omar Torrijos Herrera, un asistente le alcanzó una pequeña nota: “Ya cogieron a Posada”.
Aspiraciones esfumadas
Las altas probabilidades de que el líder cubano asistiera a la Cumbre en Panamá constituían una excelente oportunidad para la contrarrevolución, en abierta crisis desde la muerte de Jorge Mas Canosa, fundador de la Fundación Nacional Cubano Americana radicada en Miami.
En aquel entonces, el territorio panameño ofrecía condiciones propicias para el atentado: fronteras vulnerables, deficientes esquemas de seguridad interna y la penetración de los servicios de inteligencia norteamericanos en áreas estratégicas.

El sindicalista panameño Genaro López Rodríguez, quien ese día estaba sentado cerca de Fidel. Foto: Suntracs Panamá
El sindicalista panameño Genaro López Rodríguez, quien ese día estaba sentado cerca de Fidel. Foto: Suntracs Panamá

Durante los meses previos a la Cumbre, los contrarrevolucionarios visitaron Panamá para estudiar el terreno y organizar el apoyo interno. Está comprobado que entre agosto y septiembre del 2000 Posada Carriles y Gaspar Jiménez ingresaron a este país con los mismos pasaportes que usaron en noviembre. Pero las terribles aspiraciones se esfumaron.
La parte cubana entregó a la panameña un listado de los terroristas, sus alias y los tipos de pasaporte que podían utilizar para entrar a la nación istmeña. Aparecían en este los personajes que participaron en la planificación del atentado.
¿Juicio?
Con los cuatros asesinos detenidos, la investigación de las autoridades de Panamá corroboró la denuncia formulada por Cuba y encontró pruebas del atentado que se proponían llevar a cabo, con nueve kilos de C-4 y diagramas sobre el lugar donde pensaban detonar el artefacto explosivo.Paraninfo de la
Aunque hubo abundante evidencia, transcurrieron tres años para que los terroristas ocuparan el banquillo de los acusados. A mediados del 2003 se inició ¡por fin! el juicio. El Gobierno panameño, encabezado por la entonces presidenta Mireya Moscoso Rodríguez, pretendió convertir el proceso en una farsa que condenara simbólicamente a los terroristas y, que al mismo tiempo, los dejara en libertad.
Se les imputaban tres cargos, los cuales suponían una pena de entre 11 y 15 años de cárcel, cuando la máxima sentencia establecida por las leyes de ese país para el hecho planificado es de 20 años de prisión. El juez actuante fue cambiado en un momento por otro de plena confianza de la presidencia de la República, quien unió todos los cargos en uno y redujo la pena a siete años de prisión, y un año extra para Carriles y Gaspar Jiménez por falsificación de documentos.
La mafia anticubana de Miami no quedó conforme con la reducción de las sentencias, y presionó a Moscoso para que cumpliera el acuerdo inicial de liberar a Posada y su grupo. Pero la Presidenta enfrentaba en ese instante un serio problema: su mandato estaba cerca de finalizar y los terroristas cumplían condenas de siete y ocho años.
No obstante, el 26 de agosto del 2004, en un acto de indignidad que mereció el repudio internacional, Moscoso firmó el indulto y puso en libertad a los cuatro terroristas.
Muy cerca de Fidel
Genaro López Rodríguez, secretario general de la Confederación Nacional de Unidad Sindical Independiente, de Panamá, y quien fuera candidato a la presidencia en las más recientes elecciones, fue uno de los que acudió al Paraninfo el 16 de noviembre del 2000 y estuvo sentado muy cerca de Fidel.
“Fuimos a darle la bienvenida a Fidel en el aeropuerto de Tocumen. Después estuvimos en el Paraninfo. Las personas no cabían adentro. Tuvieron que poner pantallas gigantes en la zona exterior. Me senté próximo al estrado con la intención de poder saludar al Comandante, pero no se me presentó la oportunidad. Todos escuchamos atentamente su intervención. Si llegan a hacer el atentado como lo tenían planeado, ninguno de los que estuvimos allí viviríamos hoy”, afirma en declaraciones a Trabajadores.

Nuevos archivos exponen planes de EE.UU. para asesinar a Fidel Castro

Dios los Cria y el Diablo los junta

Le llaman exilio cubano ,pero es un bochorno y una burla , los que que aparecen en la fotografia dicen que son el exilio cubano ,pero vamos a identificarlos uno de ellos Angel de Fana Serrano , quien cumplio 20 años de prision en Cuba por actividades terroristas ,este persona junto con los tambien ex presos contrarevolucionarios y terroristas ya fallecidos Eusebio Peñalver Mazorra ,y Mario Chanes de Armas ,crearon en la ciudad de Miami un grupo terrorista nombrado Plantados hasta la Libertad y la Democracia ,muy vinculados en planes de atentados contra la vida del Comandante en Jefe Fidel Castros Ruz.
La señora que aparece es Cary Roque ,conocida contrarevolucionaria vinculada a actos terroristas y a planes de atentados contra la vida del Lider de la Revolucion Cubana ,cumplio varios años de prision en la isla.
Este no un exilio cubano , exilio genuino , puro y cubano fue el de Jose Marti y los patriotas que luchaban por la libertad de Cuba en medio de situaciones adversas. y el otro personaje es Jorge Luis Garcia Perez Antunez ,un mercenario de la peor especie que ha vendido su alma al diablo ,esta viviviendo del dinero del contribuyente nortamericano que recibe del gobierno de los Estados Unidos por su mercenarismo y quinta columna.
El exilio cubano que Angel de Fana Serrano y Cary Roque quieren mostar , es de los batistianos que en la madrugada del primero de enero de 1959 saliendo huyendo de Cuba para evadir las 20 000 muertes de la dictadura batistiana ,el robo ,los abusos y las canalladas que sufrio el pueblo cubano bajo la dictadura proimperialista de Fulgencio Batista.