La verdad que oculta el sacerdote José Conrado Rodríguez

Por Arthur González.

El sacerdote cubano José Conrado Rodríguez Alegre, estrechamente vinculado a la mafia terrorista de Miami, acaba de escribir un libro titulado: “Sueños y pesadillas de un cura en Cuba”, en el cual expone sus sentimientos contra la Revolución.

Llama la atención que dicho sacerdote nacido en Santiago de Cuba en 1951, un año antes que el tirano Fulgencio Batista asumiera el poder mediante un golpe de Estado, no se pronuncie en su libro sobre las pesadillas que vivió su Santiago de Cuba, cuando la sangre de sus mejores hijos corría calles abajo por los asesinatos del dictador.

Tampoco menciona la ausencia de sueños de cientos de miles de campesinos, por la triste realidad que los consumía sin derecho a enviar a sus hijos a escuelas, ni tener un solo hospital que atendiera a los niños que morían en brazos de sus padres.

La realidad que constató cuando en 1976 asumió la atención pastoral de los hospitales de Santiago de Cuba, Oncológico, de Maternidad y el Pediátrico, era muy diferente a la que dejó el capitalismo.

Desde 1959 la atención médica y la educación son totalmente gratuitas, gracias al proceso revolucionario que ataca.

En sus recuerdos José Conrado no menciona la limitación que tienen hoy los hospitales oncológicos, particularmente sus salas infantiles, debido a la guerra económica impuesta por Estados Unidos desde hace 58 años y que según sus propios documentos persigue el malvado fin de:

“Debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Esa guerra va contra la ley de Dios porque persigue la muerte y desesperación de los seres humanos, mientras el sacerdote enmudece en complicidad con el gobierno yanqui, situación que debería causarle pesadillas por el pecado que se comete contra su pueblo.

Si fuera consecuente con sus preocupaciones, estuviera contra esa guerra económica impuesta por los que ahora aplauden su libro y le publican precisamente donde residen terroristas y asesinos de cubanos, como los que murieron en 1976 por la voladura del avión que traía de regreso al equipo juvenil de esgrima, cuyo autor se pasea libremente por las calles de Miami.

En reciente carta de José Conrado al presidente cubano Raúl Castro, afirma: “Las dificultades de cada día se tornan tan aplastantes que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza”.

Pero parece que su odio sin límites a la Revolución, lo ciega de tal forma que olvida que la propia CIA afirma en sus informes:

Solamente después que los efectos de la represalia económica y de las acciones de sabotaje, se sientan profundamente en la población y en los grupos de élite, puede uno esperar que convertir la desafección…en revueltas activas contra el séquito Castro-comunista”.

“Las medidas de aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y al mundo libre…han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Fidel Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

En 1999, el Council on Foreign Relations de Estados Unidos, publicó un conjunto de recomendaciones para lograr una “transición” en Cuba, donde afirman:

“La oposición de los Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Esas verdades son soslayadas por el párroco, pero la historia no miente y las acciones permanentes contra Cuba son las causantes de las limitaciones en que han vivido varias generaciones de cubanos.

Sin el menor pudor, el sacerdote va a deleitarse con los autores de esos planes, cuando es a ellos a los que debe pedirle cuentas por tantos crímenes.

Jamás se le ha escuchado reprocharle a Estados por sus actos terroristas contra el pueblo de Cuba y si estuviese realmente preocupado por la situación de sus conciudadanos, debiera reclamarles a tantos pecadores residentes en Miami, que si tienen una larga lista de muerte y destrucción.

Con leer un documento elaborado por el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, bastaría para que el sacerdote condenara a los yanquis, únicos responsables de las penurias cubanas.

En uno de sus informes Hawkins afirma:

Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

Esas operaciones lograron un éxito considerable. Las embarcaciones que prestaban servicio de Miami a Cuba entregaron más de 40 toneladas de armas, explosivos y equipos militares e infiltraron y sacaron a un gran número de personal… La mayoría de los sabotajes perpetrados en La Habana y otros lugares se realizaron con materiales suministrados de esta manera”.

Esos fueron verdaderos horrores y no los que ahora expone para agradar en Miami.

De los sucesos de la embajada del Perú pasó por alto el asesinato del custodio de la sede, embestido por el ómnibus que inició el asalto a dicha misión, ni la estimulación que desde EEUU se hacía para salidas ilegales de la isla.

Tampoco condena la ley de Ajuste Cubano causante de tantas muertes, unido a la limitación de visas para emigrar de forma segura y ordenada.

Dios los cría y el diablo los une. No en balde afirmó José Martí:

“Para todo hay en este mundo, imbéciles y viles”

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